
La edad media para adquirir la marcha autónoma se sitúa entre 12 y 18 meses, con variaciones considerables de un niño a otro. Algunos bebés dan sus primeros pasos mucho después de su primer cumpleaños, sin que esto presuma un trastorno o un retraso global.
No hay evidencia científica que relacione el hecho de caminar tardíamente con un nivel de inteligencia superior o inferior. Los estudios recientes insisten en la diversidad del desarrollo motor y en la importancia de tener en cuenta todas las adquisiciones psicomotoras, en lugar de un solo hito.
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La edad de la marcha en los bebés: lo que dicen los datos científicos
Es imposible trazar un retrato único del aprendizaje de la marcha. Este hito, que fascina tanto como intriga, es objeto de un seguimiento minucioso, desde los servicios de pediatría hasta los equipos de investigación. Las cifras de las cohortes nacionales francesas confirman que la mayoría de los niños se lanzan solos entre los 12 y 18 meses. Sin embargo, la realidad supera este marco: algunos bebés se ponen de pie desde los 9 meses, otros esperan hasta los 20 meses, sin que esto signifique una alerta médica.
El desarrollo psicomotor sigue su propio ritmo, diferente en cada niño. Aunque los investigadores compilen los datos, una conclusión se impone: la edad de los primeros pasos no es más que una etapa entre otras en la mosaico del desarrollo motor. Antes de recorrer la habitación, un niño atraviesa varias fases: sentarse, gatear, encontrar su equilibrio y luego atreverse a dar el paso sin apoyo. De hecho, los seguimientos realizados en Francia muestran que los niños que no caminan antes de los 18 meses evolucionan luego tan bien como los demás.
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Factores que influyen en la edad de la marcha
Diferentes parámetros entran en juego para explicar por qué cada niño avanza a su propio ritmo. Aquí están los principales a tener en cuenta:
- Genética: la historia familiar pesa en la balanza; cuando uno de los padres ha caminado tardíamente, no es raro observar el mismo patrón en el niño.
- Entorno: el espacio para moverse, el aliento de los seres queridos y la variedad de estímulos marcan la diferencia.
- Salud perinatal: la prematuridad, ciertos contextos médicos o trastornos neurológicos específicos pueden influir en el calendario motor.
El tema de la marcha tardía e inteligencia en los bebés suscita debates e interrogantes, tanto entre los profesionales de la salud como entre las familias. Para profundizar, la página ‘Bebés inteligentes: ¿tardan más en caminar? Consejos y factores que influyen! – BebeBiz’ ofrece un análisis completo de la cuestión. Las investigaciones realizadas recientemente convergen: no existe un vínculo directo entre la edad de la marcha y el desarrollo intelectual, ya sea en positivo o en negativo. Lo que prima es la observación del recorrido global del niño, mucho más allá de una fecha simbólica.
Marcha tardía e inteligencia: desentrañar lo verdadero de lo falso
El rumor persiste, transmitido de generación en generación: caminar más tarde sería el signo de una inteligencia diferente, superior o inferior. Sin embargo, los hechos hablan por sí mismos. Los estudios universitarios, realizados durante varias décadas, son claros: la edad de los primeros pasos no predice ni los talentos cognitivos ni las dificultades futuras. Un niño que camina a los 14 meses no tiene más riesgo de trastorno cognitivo que otro que se lanza a los 10 o 18 meses.
Cada trayectoria de desarrollo psicomotor se construye sobre un ritmo singular. Ya sea niña o niño, el calendario de sus progresos motores no tiene ninguna incidencia en el resto de su historia. Los especialistas son claros: mientras no se diagnostique ningún trastorno neurológico, la marcha tardía simplemente refleja la diversidad natural de los ritmos. Lo que cuenta es seguir de cerca las etapas que marcan el desarrollo motor y valorar la singularidad de cada trayectoria.
Para entender mejor este fenómeno, aquí está lo que realmente influye en la marcha del niño:
- La marcha resulta de un equilibrio sutil entre la madurez cerebral, el contexto familiar y las posibilidades de moverse libremente.
- Los datos recopilados en Francia confirman que esta variabilidad no tiene ninguna incidencia en las habilidades intelectuales futuras.
El mito de una correlación entre marcha tardía e inteligencia no resiste el examen de los hechos. El reto sigue siendo observar a cada niño en su totalidad, respetando su propio ritmo, sin apresurar ni comparar innecesariamente.

¿Qué factores influyen en la adquisición de la marcha y cómo acompañar a su hijo?
El aprendizaje de la marcha no es cuestión de pura casualidad, ni de un guion escrito de antemano. Varias variables se entrelazan: maduración cerebral, genética, entorno familiar. Cada bebé descubre la motricidad a su manera, según el contexto que lo rodea. Poder evolucionar en un espacio seguro, recibir alientos adecuados, explorar libremente, todo esto favorece los primeros pasos.
El principio de motricidad libre se impone poco a poco entre las recomendaciones de los profesionales. Se trata de permitir que el niño experimente, sin ponerlo en posiciones que aún no domina. Esta elección fomenta la autonomía, el desarrollo del equilibrio y la confianza en sí mismo. El papel de los seres queridos no es neutro: apoyar sin apresurar, valorar cada intento, proponer pero nunca forzar, eso es lo que cuenta al acompañar al niño hacia la marcha.
Para favorecer el descubrimiento motriz y acompañar serenamente los primeros pasos, se pueden implementar varias prácticas:
- Organizar tiempos de juego en el suelo, variando las superficies y texturas
- Organizar el espacio para eliminar obstáculos y limitar riesgos
- Responder a la demanda del niño cuando solicita apoyo, sin intentar acelerar las etapas
Supervisar las diferentes etapas del desarrollo motor, sentarse, gatear, levantarse, caminar con apoyo y luego sin apoyo, sigue siendo la mejor manera de detectar posibles dificultades y fomentar los progresos. La edad del primer paso, al final, solo tiene un valor indicativo. Lo que realmente importa es la calidad del acompañamiento, la riqueza de las experiencias de movimiento y la confianza otorgada al niño que moldean su desarrollo. Cada uno avanza a su ritmo, y es esta diversidad la que dibuja la hermosa complejidad de la infancia.